Cuando te mueves lentamente, cada célula de tu cuerpo recibe esta información de manera física y la reproduce en las otras facetas de tu vivir, se apaciguan las emociones, se dulcifica el intelecto, se equilibran los instintos, en un efecto en cadena que hace plena la vivencia propuesta en Biodanza. Dancemos en la lentitud y en la levedad procurándonos posibilidades ciertas de integración.
“Etéreos como la suavidad,
livianos como nubes de verano,
gentiles como una caricia,
brillantes como la luna de abril.“
Extracto del libro “La danza de la vida, una visión poética de los ejercicios de Biodanza”










